Fin de semana en San Antonio de Areco – Día Domingo

El domingo a la mañana lo dedicamos a dar “la vuelta al perro”, y empacharnos de las callecitas de San Antonio de Areco todo lo más que pudiéramos. Éramos de los pocos que a las 9:00 hs estábamos caminando por ahí, un poco temprano tal vez, pero no queríamos perdernos de ver la fiesta del Entrevero de las Tropillas que se realizaba al mediodía en el Parque Criollo. Es una fiesta que se realiza sólo una vez al año, y tuvimos la suerte de coincidir.

Comenzamos la caminata por la ciudad en la esquina de Alsina y Lavalle (en diagonal a la plaza) donde se encuentra la Casa de los Martínez.  Tenía que fotografiarme porque los Martínez somos una gran gran familia en el mundo (así como todos los apellidos que terminan en “ez”). Pero yendo a una historia más real, en esta casa estaba el casco de la estancia de Ruiz Arellano, fundador de Areco, y en una de sus habitaciones funcionó el primer oratorio. ¿Y los Martínez? Posteriormente y durante muchos años esta casa le perteneció a la familia Martínez, y uno de los hijos de esta familia fue el décimo Cura Párroco de la Parroquia de Areco.

En diagonal a la Casa de los Martínez, ya en la Plaza Ruiz Arellano, vimos el cañón donado por la familia Casco (historia que conté en el post anterior).

En el centro de la plaza está el Monumento a Hipólito Vieytes, nacido en Areco. Fue comerciante, militar, y político argentino. Precursor de la Independencia, participó de las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, en 1810 apoyó la Revolución de Mayo, y asistió al Cabildo Abierto del 22 de Mayo.

Desde el monumento la vista a la Iglesia de San Antnonio de Padua, linda por fuera, e increíblemente hermosa por dentro.

Desde la plaza caminamos (hacia el lado contrario al río) unas 5 cuadras por Alsina y regresamos por Arellano. Ni el loro un domingo de frío a las 9:00hs, pero así son las calles de Areco y sus veredas angostas.

Llegando a la plaza por la calle Arellano está el bar El Tokio, y la galería que lleva el mismo nombre. Es chiquita y muy pintoresca.

Desde ahí nos desviamos una cuadra hacia el Boliche de Besonnart para verlo de día (ya que habíamos cenado ahí el sábado), y nos dimos cuenta que en esa esquina el nombre de la calle Lavalle cambia por Segundo Sombra.

La vuelta la cerramos con gusto a chocolate en la Olla de Cobre. Si te gusta el chocolate (como a mí) este lugar es la perdición. El olorcito nomás predispone al bolsillo. Son clásicos sus alfajores que trajimos para compartir con la familia, y tienen también una buena variedad de chocolates y cacao. Están ubicados a una cuadra del Hotel Draghi.

Por último visitamos el Museo Draghi antes de hacer el check out del hotel, y que la carroza se convierta en calabaza, para aprovechar la gratuidad que nos ofrecía el hospedaje.

La familia Draghi continúa el legado de la orfebrería y platería que Juan José Draghi inició muchos años atrás. “Noble oficio este de la platería cuyo nombre se confunde con el del país. Curioso y envidiable destino el de ser artífice de un quehacer, que coincide desde el origen con el nombre de la patria. Porque desde aquel remoto Fray Martín del Barco Centenera nos bautizó Argentina, Región de la Plata, ser argentino y ser platero significa compartir desde la misma raíz etimológica, un itinerario afirmativo de la propia identidad”. 

Si bien Juan José Draghi ya no está, él mismo cuenta a través de un video que exponen en el museo, que fue un enamorado de la platería gauchesca cuando era muy chico, y guiado por ese sentimiento hizo un curso a distancia para iniciarse como platero. Con el tiempo se fue especializando, y fue conocido también por haber realizado piezas a personalidades de todo el mundo: presidentes, el Papa Juan Pablo II, cantantes, etc. Realizó las réplicas en plata que se exponen en el Museo Ricardo Güiraldes después de un lamentable robo al museo. El Museo Draghi expone piezas gauchescas del Siglo XVIII y XIX, así como productos a la venta, y los motivos tallados sobre cada pieza cuentan una historia o representan alguna característica distintiva de quien lo encarga. El museo, cuya entrada principal está frente a la plaza, es pago, pero si estás alojado en el hotel la entrada es gratuita.

Esa mañana parecía que el ambiente del pueblo se estaba preparando para asistir a la fiesta del Entrevero de Tropillas Entabladas. Una fiesta que suele realizarse para el 25 de Mayo, pero que por mal tiempo tuvieron que suspenderla, y tuvimos la suerte de coincidir con la reorganización ese fin de semana. ¿Qué es el Entrevero de Tropillas? Lo explico en el video!

Se realizó en el Parque Criollo y Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes, una verdadera fiesta a la que asisten familias de todo el país, y entonando fuerte el Himno Nacional Argentino se da comienzo a la jornada. Arman una feria alrededor muy linda, y obviamente el fuego nunca falta para comer algo caliente.

Esta tropilla fue una de las que más me gustó, hermosos los colores y la distinción de la yegua madrina.

Estribos gauchescos típicos de Areco

Después de ver el entrevero y pasar un lindo rato en el parque, fuimos a almorzar a 20 kilómetros pasando San Antonio de Areco. La parrilla es Rancho El Tata en el pueblo de Duggan sobre la Ruta 8 km 133, y que fue listada como una de las mejores parrillas ruteras en una nota realizada por la Revista Lugares.

¡Comprobado! Las empanadas de carne son exquisitas, tienen una buena variedad de cortes de carne servidas al punto que a cada uno le guste, y cerramos con el crocante de manzana con helado que ¡era una bomba!

Quiero destacar la atención de Iris, quien continúa con mucho amor lo que su padre comenzó muchos años atrás. Con una tranquilidad envidiable, Iris se hacía un ratito para hablar con cada uno de los comensales, mientras atendía las mesas. Mientras hablábamos con Andrés que la hospitalidad había sido el eje del paseo, se acerca Iris a despedirnos, con este recuerdo que cierra el paseo con la marca de Ricardo Güiraldes, la tradición, y claramente la hospitalidad.

Todavía era temprano y no queríamos que el fin de semana se terminara. Volvimos a Areco, y más específicamente a hacer lo que los pueblerinos hacen: tomar mate a orillas del río Areco. Donde está el Puente Viejo y a orillas del río hay un gran área parquizada llamada Parque General San Martín, que parece ser socialmente más importante que la misma plaza. Hay varias parrillas, feria de artesanos, los que van a pasar la tarde, y los que dan la vuelta al perro. También está la Dirección de Turismo desde donde salen todos las visitas guiadas por la ciudad.

Dejé para este momento el cuento sobre el Puente Viejo, que fue cuando nos quedamos un largo rato mirándolo. Fue construido en 1857, y según se cuenta allí nacieron los peajes, aunque seguramente la finalidad debió ser “puramente colaborativa”. Este puente fue mencionado en 1926 por Ricardo Güiraldes en su obra Don Segundo Sombra: “A unas diez cuadras de la plaza céntrica, el puente viejo, tiende su arco sobre el río uniendo las quintas al campo tranquilo“. Aunque ya hace mucho tiempo que no se pagan peajes y el tránsito es sólo peatonal (y de motos), la misión del puente sigue siendo la misma que como fue descrita por Don Güiraldes.

En mi Instagram subí más fotos de las calles de San Antonio de Areco, y casas con frente de ladrillo sobre los que pasaron cientos de años.

Nos quedó en el tintero visitar el Museo Las Lilas, que lo reemplazamos por la fiesta del Entrevero de Tropillas, así que ésta es una muy linda opción que pueden considerar si visitan la ciudad. Para nosotros, la próxima será.

 

Deja un comentario