Ciudad de Buenos Aires subterránea – Línea B

Un día me olvidé de buscar asiento para viajar de cabecera a cabecera, me quedé al lado de la puerta, y me bajé en casi todas las estaciones de la Línea B para admirar el arte en los andenes que veía pasar de refilón entre la multitud. Muchas veces la vorágine de la rutina y el apuro por llegar rápido hace que perdamos la voluntad de observar tanto arriba en la mismísima ciudad, como abajo en los túneles de esta ciudad paralela. El arte en el subte existe desde que se construyó, pero en los últimos años bajaron una cantidad impresionante de artistas contemporáneos que a través de sus murales nos cuentan historias del pasado, nos invitan a reflexionar, y nos hacen soñar con el futuro.

Antes de emprender el viaje busqué información sobre el arte en el subte, y encontré que estas intervenciones artísticas que se ven en toda la red forman parte de un Plan de Gestión Cultural y Patrimonial del Gobierno de la Ciudad, y lograron convocar a alrededor de 200 artistas que trabajaron en más de 450 obras. Para conocer cada una de ellas en detalle se puede descargar el libro “Arte en el Subte de Buenos Aires“.

Así fue que entré en modo turista y empecé por la Línea B haciendo el recorrido en un solo sentido, desde la estación Juan Manuel de Rosas hacia Leandro N. Alem, y fotografiando sólo las obras que se ubican en el andén, porque también hay mucho más para ver en las escaleras y los vestíbulos. Particularmente esta línea de subte tiene estilos de arte muy variados, así como temáticas que van desde las culturas precolombinas a homenajes varios e historietas.

Comencé en la Estación Juan Manuel de Rosas, una de las cabeceras de la Línea B. En el andén hay una obra que al principio es rebuscada para distinguir su forma, pero se trata de un “Encuentro de Tropillas” (ese es el nombre) y es de Julio Lavallén. Una obra estrechamente relacionada con la Batalla de Caseros, batalla en la que el General Urquiza derrota a Juan Manuel de Rosas. Así es que difícilmente podamos olvidar esta relación entre nombres, donde la estación cabecera Juan Manuel de Rosas está ubicada en el barrio de Villa Urquiza.

Estación Los Incas, una estación que recuerda a las culturas originarias del norte de Argentina, Bolivia, y Perú. Los artistas que intervinieron la estación son argentinos, y ambos se especializaron en México. Cuentan que su trabajo recibió la guía de Alberto Rex Gonzalez, arqueólogo, antropólogo, y médico argentino que se destacó en el estudio de las culturas precolombinas, especialmente en territorio argentino. Cuánto esmero que se ve en cada obra, cuánto estudio, observación e interpretación de esta cultura.

Federico Lacroze, la obra “Arte Urbano” contó con la participación de nueve artistas y la curaduría de BA Street Art. Es una estación muy concurrida, y para ver algo es necesario saltearse un tren para que en la calma de esos pocos minutos previos a la llegada de la siguiente multitud, se pueda disfrutar del color y las historias que cuentan estas obras. Por suerte, tanto color y animación nos hace olvidar que esta estación fue construida sobre terrenos del cementerio.

Estación Dorrego, son varios los artistas que intervinieron en la estación, pero me bajé especialmente para ver una de estas obras realizada por Mildred Burton, que es el Homenaje a tres niñas inmoladas: Gimena Hernández, Nair Mostafá, María Soledad Morales. Era chica cuando ocurrieron estos casos, pero fueron de los primeros que comenzaba a escuchar, a entender, y a ver cómo la gente se movilizaba en esas marchas del silencio.

Medrano, hermosa estación en ambos andenes. La música es el eje, y los ritmos como tango, rock y jazz no pasan desapercibidos. El genio de Martín Ron, con sus cuadriculados como marca registrada, muestra increíbles sombras, luces, y expresiones de sus personajes.

Carlos Gardel, a quien le decían también el Zorzal Criollo y el Morocho del Abasto, es sin lugar a dudas uno de los grandes cantores populares de la Argentina. Según cuentan las malas lenguas, se llevó con él varios secretos de su vida personal. Pero como no quiero entrar en esos detalles, me quedo con su voz, su sonrisa, y una frase que sólo los argentinos podemos entender cuando logramos lo que queremos: “soy Gardel”.

Pasteur – AMIA, y última bajada de este recorrido. Son muchos los artistas que participaron en esta estación. Se trata de un homenaje a las víctimas del atentado de la AMIA ocurrido el 18 de julio de 1994 a las 9:53 horas. Fue uno de los más grandes atentados terroristas que ocurrieron en nuestro país, en el que murieron 85 personas y hubo más de 300 heridos, seguidos de muchos años de impunidad.

Me quedé muy enganchada con este paseo y tomé la Línea D para regresar hacia Congreso de Tucumán. En el próximo post voy a escribir sobre algunos murales de la Línea D, y sobre los paseos turísticos que podemos hacer al salir de cada estación.

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