Uruguay – Colonia del Sacramento a la luz de los faroles

La manzana de la discordia, así le decían a Colonia del Sacramento. Fue conquistada, disputada, reconquistada, devuelta, amurallada, destruida, y reconstruida. Esto último fue lo que le valió su título en 1995 como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es que a la historia hay que ayudarla y en Colonia del Sacramento lo hicieron muy bien.

“A la luz de los faroles” es un paseo nocturno propuesto por guías de la Oficina de Información Turística de Colonia del Sacramento. Durante el recorrido se destacan algunas historias y anécdotas de las edificaciones más representativas de la ciudad, que nos dan a entender “que eran de su vida” antes de convertirse en patrimonio de la humanidad. Tomo prestada esa información, y quien me conoce sabe que viajo armada de datos, por lo que sumo el trabajo de las dos partes en este paseo. 

Llámese viaje largo, escapada, paseo por la ciudad, así salgo yo …

La culpa de todo la tuvo Colón. En su insistencia por descubrir nuevos territorios, proyecto que le rechazaron los portugueses y que luego fue aceptado y financiado por los españoles, logró que esta última Corona se agenciara unos cuantos lotes de tierra rica y productiva. A los portugueses les agarró el ataque. Se juntaron ambas Coronas, España y Portugal, para firmar en el año 1494 el Tratado de Tordesillas. Establecía que a través de una línea imaginaria de polo a polo se dividía en dos el nuevo mundo. A ciencia cierta ninguno de los dos bandos sabía muy bien las extensiones de tierras que tenían bajo su dominio, y Portugal estaba claramente desfavorecido. Pero los portugueses eran muy vivos y empezaron a correr un poco esa línea imaginaria hacia el oeste, y otro poco las tierras hacia el este, adjudicando que no había instrumentos certeros que pudieran determinar la posición exacta del meridiano en cuestión, por lo que se prestaba a la falsificaron de los mapas. 

Colonia era un territorio interesante para conquistar porque era un punto estratégico para el comercio, era la vía de acceso a las minas de plata del Potosí, y a los ríos Paraguay y Uruguay. Contaba además con un puerto de calado hondo y natural que era muy difícil de encontrar en el Río de la Plata. 

Así fue que en 1680 desde Portugal, le encomendaron a Manuel Lobo, Gobernador de Río de Janeiro, la fundación de una colonia portuguesa en el Río de la Plata. Ocuparon primero la Isla de San Gabriel, y luego fundaron la Nueva Colonia del Santísimo Sacramento, que terminó siendo el primer asentamiento europeo y la ciudad más antigua de lo que hoy es Uruguay. 

El gobernador y capitán español del Río de la Plata José de Garro se enteró de la presencia portuguesa en Colonia, y mandó sus tropas desde Buenos Aires para desalojarlos de allí. A partir de este momento Colonia del Sacramento fue y vino a manos de los portugueses y españoles, y su arquitectura refleja ese vaivén.

Existen ciertas particularidades que a simple vista podemos reconocer sobre estos estilos portugueses y españoles: las casas con techos a cuatro aguas son las portuguesas y las de dos aguas, las españolas. Las calles con piedras insertadas en cuña son de ambas potencias, pero las que son acanaladas en el centro son portuguesas y, por el contrario, las que son acanaladas a ambos lados son españolas.

Calle portuguesa (hay muchas de este tipo además de la Calle de los Suspiros)

Calle española

¿Pueden creer que en la década del ’60 los padres prohibían a sus hijos ingresar a este predio? Era inseguro, allí vivía y circulaba gente de “dudosa reputación”. Me hago esta pregunta porque esto no fue hace mucho tiempo atrás, y quien conoce Colonia del Sacramento puede afirmar cómo este predio tan pequeño se transformó en el lugar más turístico de Colonia (y casi casi de Uruguay).   

Dicho esto, atravesamos la muralla a través del portón principal para dar una vuelta por los siglos XVII y XVIII, un lugar al que llaman Barrio Histórico.

Portón del Campo

Sobre el arco del portón, hay una réplica del escudo que allí lucía y que se conserva en el Museo Portugués.

También llamado Puerta de la Ciudadela. Fue construido en la época en que la ciudad vuelve a ser posesión de los portugueses por tercera vez, de la mano del gobernador Vasconcellos, conocido por ser un gran impulsor de la construcción de la ciudad. He aquí lo primero que admiramos de su legado. Vale aclarar que tanto la muralla como el portón levadizo fueron reconstruidos porque los españoles lo dinamitaron todo. Hay una parte de la muralla que es la original y sobre la pared de piedra se ven las tachas de bronce que marcan el nivel en que se encontró esta defensa.

Tachas de bronce sobre la muralla y cadenas originales del portón levadizo

Atravesamos el portón y ya la irregularidad de los adoquines nos hacen mirar para abajo y también pensar que estamos en otra época, apenas en el Siglo XVII. Haciendo unos pocos pasos nos encontramos con lo que todos queremos ver: la Calle de los Suspiros.

Calle de los Suspiros

Es bien portuguesa, por la canaleta en el medio de la calle y los ranchos portugueses de techos bajitos. Es muy pintoresca y tiene de todo aunque no parezca: restaurante, atelier, el conjunto perfecto de farol con azulejo, un gato negro, y vista al río. Caminar por esta calle sin quebrarse los tobillos es todo un desafío.

Calle de los Suspiros

Lo cómico del asunto es que el nombre “de los Suspiros” no es por puro romanticismo, o por la belleza de su paisaje, sino todo lo contrario. Una de las leyendas cuenta que por esta calle angosta, trasladaban a los condenados a muerte para ahogarlos cuando la marea subiera. También se adjudica el nombre al terrible final de una joven enamorada, que mientras estaba esperando a su amado apareció un loco enmascarado que le clavó una daga en el medio del pecho, escuchándose su último suspiro de adiós.

Entre las más populares, se cuenta que esta era una calle de prostíbulos. De hecho la esquina más fotografiada que sostiene el farol con el cartel era uno de ellos, y encima tenía doble entrada. Eso significaba toda una ventaja: entrabas por una puerta y si se te aparecía tu marido o esposa, podías salir rajando por la otra puerta que daba a la otra calle. Y entonces el nombre tiene sentido porque entonces puede referirse al suspiro del tramposo, o al suspiro de quienes quieren divertirse.

Durante el día se encuentra abierto el Atelier de Fernando Fraga, en un rancho portugués rosado de 1720, y que está justo en frente a la esquina del prostíbulo.

Tiene a la venta obras hermosísimas que llamaron mi atención, será por su realismo y sensibilidad de lo que transmiten. En una entrevista que vi sobre su trabajo cuenta que trabaja la figura humana de dos maneras, una más realista y otra abstracta. Esta última la denomina “olivas” por el parecido con el fruto del olivo, y rostros de pocos rasgos.

En vertical se ve una de sus “Olivas”

Al rancho hay que entrar porque su trabajo es digno de admirar, y me salió una rima que aprovecho para citar unos versos que allí mismo leí:

Tu fachada con arrugas, marcadas por tanto tiempo, no permite imaginar el encanto que hay por dentro. Piedra por piedra ubicada, cual puestas por artesanos, como dejando el pasado al alcance de las manos.

Es un combo perfecto de minutos bien invertidos, arte e historia, porque visitarlo es también una oportunidad de ver cómo era una casa portuguesa por dentro.

Suspiro de queso. En la esquina opuesta al atelier, casi frente a la plaza, se encuentra el Restaurante Buen Suspiro. Lo descubrimos la primera noche porque fuimos a filmar la calle aprovechando que no había nadie. Mientras daba los primeros pasos, vi como una luz cálida salía a través de una puerta bajita. Espié hacia adentro y vi quesos, después llegó el aroma que era para caerse de espalda. Allí nos quedamos, probando el queso Colonia.

Restaurante Buen Suspiro

Este restaurante es parte de una casa portuguesa, que da a la calle principal frente a la plaza, pero es el subsuelo de la casa lo que transformaron en restaurante. Era donde estaban las caballerizas, por eso es todo tan bajito .

El gato negro de la Calle de los Suspiros

Museo Portugués

Como lo indica su nombre… es una construcción portuguesa. Hay que alejarse sólo un poquito para ver su techo a cuatro aguas. Sus muros exteriores son de piedra y adobe, y sus pisos son los originales. Parece chiquita pero tiene doble entrada, la principal frente a la plaza y luego la de carruajes que da a la calle paralela.

Esta casa le pertenecía a unas hermanas solteronas de apellido Criado Pérez. Eran muy devotas, tan devotas que donaron una extensión de su campo a la iglesia para que desarrollaran la actividad tambera, y pudieran educar a niños y adolescentes de la zona en esta actividad. Actualmente existe la Escuela Criado Pérez.

Durante nuestra estadía en Colonia visitamos varios museos, este fue uno de ellos, y uno de los que vale la pena entrar. Allí se conserva el escudo original que estaba colocado en el Portón del Campo al momento de su inauguración, hasta que los españoles volvieron a tomar Colonia. Lo llevaron a Buenos Aires como trofeo de campaña militar a Pedro de Cevallos, Virrey del Río de la Plata. Cuando en 1995 la UNESCO declara a Colonia del Sacramento Patrimonio de la Humanidad, el Presidente Carlos Menem devuelve el escudo.

Plaza Mayor 25 de Mayo

Nace con la fundación de Colonia, y como era el espacio más amplio de la ciudad, se utilizaba para realizar las maniobras militares, punto de venta de productos y esclavos. Fue escenario de actos oficiales, así como de fusilamiento de integrantes de bandos que combatían contra la región. Durante la gobernación de Vasconcellos, le dieron una forma más paisajística para que fuese más agradable para el uso de los ciudadanos. 

Por la noche se suelen escuchar los tambores de candombe. Durante el fin de semana vimos bailar alrededor de la plaza a la banda “Dulces Guerreras”.

Convento San Francisco y el Faro

Lo que vemos son las ruinas más antiguas de Uruguay, pertenecientes a un convento construido en 1694, prácticamente a los pocos años de haber sido fundada la ciudad, y destruido luego por un incendio en 1704. Duró poco, y de lo que queda se ve el espesor de los muros, la colocación de las piedras y un escenario perfecto para contrastar con el Faro, que fue construido en 1845 sobre los cimientos del antiguo campanario de este convento.

Ruinas del Convento de San Francisco. Construían verdaderas fortalezas.

¿Quién no contó el intervalo entre cada destello del faro? son 9 destellos: one Mississippi, two Mississippi, and so on… es el timing justo para que al llegar a nine Mississippi aparezca la luz roja. ¿Y por qué luz roja y no blanca? para que su luz no se confunda con las luces de la ciudad.

Lo lindo es subir los 118 escalones en un día despejado para llegar a ver la silueta de los edificios más altos de Buenos Aires, la anchura del Río de la Plata, e identificar los íconos del Barrio Histórico de Colonia del Sacramento.

Me mata el detalle del escobillón detrás del farol.

Desde el Faro. En tierra: el Bastión de San Pedro con la bandera uruguaya.
En el agua: la Isla San Gabriel y más atrás Buenos Aires

Desde el faro se ve cómo se conservan construcciones coloniales, y otras cosas no tan coloniales.

Desde el Faro: Plaza Mayor 25 de Mayo y las cúpulas de la Basílica del Santísimo Sacramento

Casa de Nacarello

Desde lejos se adivina que es una casa típicamente portuguesa, pero en este caso su techo es a dos aguas, y pertenece a la tercera fundación de la ciudad. Conserva en perfecto estado sus pisos y paredes interiores, es bien chiquita, y muestra cómo era la distribución de estas casas: 2 habitaciones y una cocina, el baño quedaba afuera.

Museo Casa de Nacarello

La cocina

Según nos contó la guía del paseo, allí vivía un picapedrero que sentado en la vereda de su casa le enseñó a un niño a hacer alcancías. Eran muy feas, pero le enseñaba a ser artesano, y a regalar estas alcancías para que a través de su trabajo le transmitiera a otros niños el concepto de ahorro.

Lo que queda de la Casa del Gobernador

Sólo sus cimientos. Es de origen portugués, de la gobernación de Vasconcellos, y fue destruida por los españoles. Parece grande y eso que es sólo una parte de la casa original, porque en realidad llegaba hasta el río. A través del trabajo arqueológico fueron descubriendo partes de la casa como habitaciones, depósitos de residuo, depósitos de agua, y objetos que les permitió hacerse la idea de cómo se alimentaban y vivían en el Siglo XVIII.

Rescate arqueológico de la Casa del Gobernador, en la Plaza de Armas Manuel Lobo

Se encuentra junto a la la Plaza Manuel Lobo que por la noche es súper atractiva. Será que la acompaña la Basílica iluminada, los bares ambientados con luces y música, que le aportan a esta zona un encanto especial.

Basílica del Santísimo Sacramento

Si Colonia es la ciudad más antigua de Uruguay, entonces estamos parados frente a la iglesia más antigua del país. No tiene por qué ser tan obvia esta deducción, porque podría no serlo, ya que con la fundación de la ciudad en 1680 se construyó un racho de adobe y paja del que no queda ni rastros.

Lo cierto es que la Basílica actual nos revela cómo se vivía en la época de la colonia. Son sus muros, anchos como una muralla, que muestra lo intensos y batallados que fueron esos tiempos. No es para menos, fue construida y destruida la misma cantidad de veces que cada bando tomaba posesión de la ciudad. La peor destrucción “emocional” creo yo que pudieron haber sufrido por este templo, es que después de haber sido reconstruida con todos los detalles, le cayó un rayo y la hizo volar porque la usaban como polvorín, es decir, como lugar de almacenamiento de pólvora y municiones. La pared del fondo es la original que fue descubierta en una de las reconstrucciones, al derrumbarse la pared que la tapaba.

Conserva la puerta portuguesa original.

Por suerte esos tiempos de lucha y disputa quedaron para fotografiar, porque en Colonia del Sacramento también se disfrutan de atardeceres sobre el río, gastronomía local, mates, navegaciones, y playa. Unas mini vacaciones sólo cruzando el charco.

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