Italia – Florencia, la nueva Roma a orillas del Arno

¿Conocen el síndrome de Florencia? Así denominó Stendhal, un novelista francés, su encuentro con Florencia, un lugar donde donde lo que predomina es la belleza del arte. Definió a este síndrome como una enfermedad psicosomática producida cuando el individuo es expuesto a obras de arte particularmente bellas, o a palacios y lugares donde ocurrieron hechos muy importantes. Yo no tuve palpitaciones como este señor al visitar Florencia, pero bien valieron los dos días que dedicamos para recorrerla.

Florencia es el emblema del Renacimiento italiano, y es como es gracias a una de las dinastías más importantes de Italia: los Médici. Desde la edad media Florencia fue la ciudad de los artesanos y los Médici promocionaron a los grandes como Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Filippo Brunelleschi, Botticelli, Galileo, Donattello, entre otros tantos, por lo que es este talento el verdadero tesoro de la capital toscana. Se corría la voz de que había nacido una nueva Roma a orillas del Río Arno, en donde el mundo medieval quedaba sepultado para dar lugar al Renacimiento. 

Decidimos dedicarle a su visita dos días, usando el río Arno para separar los paseos de cada día, y como lo hizo desde siempre: dividiendo a la ciudad en dos partes porque así lo propuso la naturaleza pero también la historia.

Si el río divide, los puentes unen. De todos los puentes que unían ambas partes de la ciudad de Florencia, y que fueron destruidos en la Segunda Guerra Mundial, el único que quedó en pie fue el Ponte Vecchio (Puente Viejo).

Ponte Vecchio

Es uno de los puentes más antiguos de Europa, siendo sus orígenes del siglo I d.C, aunque el siglo XV es el responsable de su aspecto actual. 

Es también el único puente sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial. Cuando los nazis se retiraron de Florencia, destruyeron todos los puentes excepto el Ponte Vecchio. Parece que Hitler estaba encantado con su belleza y le perdonó la vida.  

Florencia era una urbe próspera gracias al río Arno que era la arteria comercial, y el puente el lugar perfecto donde instalar los puestos y comercios. Los Médici lo utilizaban también para ir desde su Palazzo Pitti en el barrio Oltrarno a la actual sede el Ayuntamiento, el Palazzo Vecchio. En 1593 Fernando I de Médici que estaba molesto con los olores de los puestos de carne y pescados, restringe su uso para actividades como joyerías y orfebrería. Fue gracias a esta medida que los artesanos toman impulso, trabajando con las joyas, el cuero, las sedas, los brocados (tela de seda entretejida con hilos de oro y plata), para satisfacer la demanda creciente de los banqueros, los comerciantes, y del mundo. En cierto modo inventan el lujo, y Florencia se convierte en su capital.

Mientras sacábamos las fotos desde el puente de la Santa Trinidad no me imaginaba lo que había sobre el Ponte Vecchio, una semejante galería de joyas que se distribuyen a ambos lados del puente.

Piazza della Signoria

Fue uno de los lugares que más me gustaron de Florencia. El aspecto de esta plaza apenas varió desde su construcción entre los siglos XIII y XIV, y es un ejemplo del estilo renacentista.

La estatua ecuestre que se encuentra en el centro representa a Cosme de Médici, uno de los primeros Médici en incursionar en la obra pública, cargándose en sus hombros la obra de finalización de la cúpula del Duomo. 

A su alrededor se encuentra el Palazzo Vecchio (Palacio Viejo) cuya torre alcanza los 94 metros de altura.

Era el palacio de gobierno, y fue allí donde estuvo preso Cosme de Médici cuando la familia Albizzi, que era la que gobernaba Florencia, lo quería fuera del radar de la política y del comercio. El frente del edificio está decorado con el emblema de los Médici: la medalla con el monograma de Cristo, y escoltada por dos leones sobre un fondo de flores de Lis, que es el símbolo de la ciudad. 

A ambos lados hay dos esculturas hechas en mármol blanco. Una de ellas más clarito imposible, es la reproducción del famoso David de Miguel Ángel, y la otra es una obra de Baccio Bandinelli,  gran rival de Miguel Ángel, que representa a Hércules y Caco. La leyenda cuenta que Caco aterrorizaba a la Roma antigua porque escupía fuego y humo, devoraba humanos, y colgaba sus cabezas en la puerta de la cueva donde vivía. 

A mediados del siglo XVI Florencia era una cantera de talentos, y en la misma Plaza de la Señoría se encuentra la Loggia dei Lanzi, que es un pórtico con un conjunto de obras que cuentan historias de la mitología griega.

Una de las más famosas es la estatua en bronce conocida como Perseo y Medusa, realizada por Benvenuto Cellini. Es un hombre de pie sobre un cuerpo femenino sin cabeza. Su rostro enojado mira hacia el suelo, y sostiene en su mano izquierda la cabeza de la mujer que derrama sangre por el cuello.

En la nuca de la estatua se observa el autorretrato del autor, donde el casco forma las cejas y el pelo su barba. Esto se ve de cerca y es tal cual como te lo cuento. 

La escultura es una representación del mito griego, donde Polidectes quería deshacerse de Perseo para seducir a su madre, Dánae. Así que un día le explicó que las Gorgonas eran horrendas y monstruosas, sobre todo Medusa. Polidectes ordenó a Perseo que fuera en busca de Medusa y que le cortara la cabeza, y así obedeció Perseo. Se fue de Grecia hasta Sicilia, donde dos hadas le dieron un espejo con el que se protegería de la imagen de Medusa, una espada para cortar su cabeza, un saco para guardarla, unas sandalias aladas para que pudiera volar y un casco que lo hiciera invisible al usarlo. Al cumplir su mandato, de la sangre de Medusa nació un Pegaso en el que se fue volando. (Wikipedia)

Otra de las esculturas es el Rapto de las Sabinas realizada por Juan de Bolonia. En un solo bloque de mármol hay tres figuras humanas desnudas, la de una mujer joven que parece estar luchando por su libertad, un hombre joven que es su secuestrador que la levanta y sostiene, y un hombre mayor. Lo especial de esta escultura es que no tiene un plano frontal como las pinturas, sino que al observarse desde cualquier ángulo la escultura ofrece un detalle o punto de interés diferente.   

La historia sobre el Rapto de las Sabinas refiere a un episodio mitológico en el que los fundadores de Roma secuestran a las mujeres de la tribu de los sabinos.

Según el mito, en los primeros tiempos de Roma había escasez de mujeres, entonces Rómulo organizó una fiesta y la tribu de los sabinos acudieron con sus mujeres e hijos. Comenzó el show y a la espera de la señal, los romanos comenzaron a raptar a las mujeres y a la vez echaban a los hombres. Los romanos convencieron a las mujeres de que fueran sus esposas, ya que debían sentirse orgullosas de formar parte de un pueblo que había sido elegido por los dioses. Los hombres sabinos no se quedaron de brazos cruzados y años más tarde atacaron a los romanos con la ayuda de una romana llamada Tarpeya, quien les facilitó el ingreso a la ciudad a cambio de joyas. Los sabinos aceptaron el trato pero en lugar de darle las joyas… la mataron aplastándola con sus escudos. El lugar del hecho se denominó Roca Tarpeya y luego se convirtió en el escenario donde arrojaban a los convictos por traición. A todo esto… ¿Qué pasó con las mujeres? Fueron las que se interpusieron entre los dos ejércitos: sabinos y romanos, porque a esta altura, cualquiera que ganara significaría una pérdida para ellas. Lograron entonces la reconciliación de ambos bandos mediante un gran banquete. Fin del cuento.

Justo detrás del Rapto de las Sabinas se encuentra otra escultura de este mismo artista y es la de Hércules y el centauro Neso. Son las expresiones de las caras, los músculos marcados, y la fuerza de lucha que cada uno ejerce, lo que llaman la atención.

Crédito: Wikipedia

Neso era un famoso centauro que raptó a la mujer de Hércules para violarla. Hércules lo pescó y le lanzó una flecha envenenada directa al pecho. Mientras agonizaba, Neso le dijo a la mujer que guardara su sangre porque le aseguraría la fidelidad de su marido. Cuando la mujer de Hércules sintió que su confianza disminuía, untó la camisa con la sangre de Neso, se la dio a su marido, y Hércules murió lenta y dolorosamente quemando su piel. Colorín colorado…

Catedral Santa María del Fiore, el Duomo

Conocida como el Duomo, se ubica en la Piazza del Duomo junto al Campanile de Giotto y el Battisterio de San Giovanni. Este conjunto de edificios conforman el centro religioso y espiritual de la ciudad, y a mi parecer el más espectacular que vi. Si venía encantada de caminar por Florencia, apenas apareció la torre del Duomo me olvidé de todo lo que había visto. Y… empiezo a creer en el síndrome de Florencia.  

Todo el complejo está hecho en mármol traído de diferentes partes de Italia: el color blanco es de Carrara, el verde de Prato, y el rojo/rosa de Siena.

Es tremendamente impactante, serán los colores, la cantidad de detalles, el semejante tamaño en un espacio que parece reducido, o todo eso junto. 

La torre campanario la denominan Campanile de Giotto, y tiene con una altura de casi 85 metros. También se pueden subir los 414 escalones para ver panorámicas de la ciudad, pero elegimos escalar una sola opción: la cúpula de la catedral. 

El Battisterio de San Giovanni tiene forma octogonal, es el edificio más antiguo de la Piazza del Duomo, y hasta se llegó a usar como catedral. La puerta que mira hacia el Duomo es la más observada, son 10 paneles de bronce con relieves que representan escenas del Antiguo Testamento, y es la que Miguel Ángel llamó Puertas del Paraíso. 

Es escasa la luz que entra a través de las ventanitas, pero suficiente para que resalte la decoración de la cúpula. La temática está relacionada con el Juicio Final y fue realizada por artistas venecianos entre los siglos XIII y XIV. Además fue el lugar donde bautizaron a todos los católicos de la ciudad, y entre ellos los Médici.

La Catedral Santa María del Fiore se comenzó a construir en el año 1296 y tardaron ochenta y pico de años en terminarla, para colmo sin la cúpula. Es decir que quedó un agujero inmenso en la catedral durante años. Florencia tenía una catedral trunca, y hasta que la cúpula no estuviese plantada sobre la estructura no se consideraba un edificio sagrado. En esa época estos templos eran símbolos de la identidad de la comunidad, y esta situación ensombrecía a la ciudad. Encima los planificadores originales habían sido demasiado ambiciosos queriendo construir la cúpula más grande del mundo, habían fallecido todos y nadie podía pedirles la garantía (ja!).  

Con esta situación entra en juego la familia Médici, una familia de comerciantes que ya venía ganando terreno, habían crecido a la sombra de la catedral sin cúpula. Fueron Cosme de Médici y su padre quienes emplearon sus habilidades como empresarios, resolviendo el mayor problema de la época. Ah, y de paso recibirían gloria y más poder para su familia.

La Cúpula de Brunelleschi

Hasta acá parecía estar todo encaminado porque había un salvador monetario que era esta familia, pero ¿a quién llamarían para hacer semejante obra?

Parece que por las calles de Florencia había un loco que podría ayudarlos a hacer la cúpula sin armazón más grande de la cristiandad. Era un genio autodidacta, obsesionado por los misterios del mundo antiguo y su nombre: Filippo Brunelleschi. Eso de loco y genio no es un chiste. Tenía un carácter que no se lo aguantaba nadie, lo echaban tanto a él como a sus ideas de todos lados, pero a Cosme de Médici le servía su cabeza. Lo contrató y se puso manos a la obra sobre el proyecto de la cúpula, y ambos viajaron a Roma para inspirarse en la cúpula del Panteón. Brunelleschi tuvo que estudiar todo de cero porque en Florencia no había ningún registro de cómo había sido proyectada la cúpula por los arquitectos originales, pero su genio lo hizo valer y codificó los cálculos para que nadie le robara sus ideas.

En 1420 comenzaron los trabajos en la cúpula, completándose en 1436, y en el medio mil y un problemas a resolver, porque hasta la receta del hormigón se había perdido desde la caída de Roma. Los trabajadores, por ejemplo, almorzaban en lo alto de la cúpula porque si bajaban, cuando quisieran llegar arriba nuevamente estarían agotados por los 400 escalones que debían subir. También había que mantenerlos contentos y para eso les daban vino, pero aguado. Eso no es nada comparado con que Brunelleschi tuvo que resolver y diseñar sus propios mecanismos que le permitieran levantar las cargas pesadas a muchos metros sobre el suelo. Había que inventarlo todo, pero nadie podía garantizar el éxito del proyecto.

Durante las obras, la salud del padre de Cosme de Médici comenzó a flaquear. Había sido su mentor en lo comercial y su mejor consejero. Cuando su padre muere, los Albizzi, una familia que había gobernado Florencia durante varias generaciones, vieron su poder amenazado por Cosme de Médici y sus seguidores. Eran dos grandes bandos, los dos no podían ganar, uno debía irse, pero si ganaba el de los Albizzi la ciudad de Florencia correría el riesgo de retroceder un paso y regresar al mundo de la Edad Media. ¿Qué paso? Cosme de Médici fue citado en el Palazzo Vecchio, y al llegar se dio cuenta que los Albizzi habían tramado un complot. Habían decidido matarlo, pero Cosme con su dinero compró su libertad. No obstante, él y su familia fueron desterrados y Florencia quedó en manos de los Albizzi, lo que significaba también la interrupción del trabajo en la cúpula y Brunelleschi encarcelado.

Sin Cosme de Médici la ciudad no funcionaba, porque era el Banco Médici el que financiaba la actividad comercial, y sin dinero los habitantes de Florencia se cansarían pronto de los Albizzi. Después de un año separaron a los Albizzi del gobierno y le ofrecieron a Cosme que tomara el control de la ciudad. Así, volvieron el dinero, los obreros a trabajar a la cúpula, y la presión por terminar la obra. Brunelleschi estaba muy comprometido, él mismo revisaba los ladrillos que se utilizaban para la construcción, y los devolvía si no le convencían, y él mismo colocó muchos ladrillos en la cúpula. Brunelleschi estaba a cargo del milagro, y él lo hizo realidad. La cúpula pesaba 37 mil toneladas, se utilizaron más de 4 millones de ladrillos, y Brunelleschi conquistó lo imposible, bueno… con la ayuda de los Médici. 

Ascenso a la Cúpula de Brunelleschi 

Aprovechando que Brunelleschi terminó la cúpula, nosotros subimos para contemplar la ciudad. El primer tramo es muy fácil y se llega hasta un mirador interno desde donde se aprecia la decoración de la cúpula y un poco del interior de la catedral. Claro, pensé que si el exterior del Duomo es así de impresionante, entonces el interior debería producir el mismo efecto ¿Y cómo me pareció por dentro? Muy austera, cero pomposidad. Encima la fila para entrar a la catedral es larguísima y lenta. No vale la pena perder este tiempo. Por eso, si subís a la cúpula aprovechá para pispear el interior.

Dejamos atrás la amplitud del ascenso para ingresar en la doble cúpula, estrecha y curva.

Entrada y esfuerzo están bien invertidos en esta subida, porque Florencia es hermosa desde las alturas.

A esta altura del partido con tantos millones de turistas que recibe la ciudad de Florencia, se hace imprescindible comprar las entradas con anticipación. Incluye: ascenso a la cúpula del Duomo, ascenso al Campanile de Giotto, ingreso al Battisterio de San Gionvanni, ingreso al Museo y a la Cripta del Duomo. El ingreso al Duomo es gratuito, por eso la fila para ingresar es tremendamente larga.

Regresamos al día siguiente para visitar lo que el río Arno separó: Oltrarno, la otra Florencia y el David de Miguel Ángel.

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