Italia – El Coliseo ¿Qué ves cuando lo ves?

Si Roma tenía un palacio, ese era el Coliseo. Si Roma tenía el mayor campo de muerte, ese era el Coliseo. Si Roma tenía la villa olímpica más grande, ese también era el Coliseo. Este gran anfiteatro simbolizaba el poder, la gloria y el ingenio romano.

Si sólo vimos la película “El Gladiador”, es probable que cuando pensemos en el Coliseo lo relacionemos con sangre, terror, y crueldad. Hollywood logró su propósito en la ficción, pero no olvidemos que la historia responde al enfoque del relato y las pruebas que lo avalan.

En realidad el Coliseo fue la sede del deporte gladiatorio que ya venía en ascenso, del desarrollo de un mercado de gladiadores, y un nuevo recinto donde controlar y mantener contenta a la sociedad romana.

Los combates gladiatorios no comenzaron con en el Coliseo sino que vienen desde antes del 300 a.C. ligado a otros propósitos de carácter privado, como funerales, fiestas, y guardaespaldas bien entrenados. Se afianzó más como deporte con el Emperador Augusto (sucesor de Julio César). Era el deporte de Roma, y Augusto lo tomó como instrumento para expandirlo en todas las provincias que componían el Imperio. De esta manera la ciudad que lo ofreciera era una ciudad romana, y al ciudadano que le gustara este deporte lo haría sentir ciudadano romano. Además Augusto sabía que el pueblo quedaba agradecido a quien daba buenos espectáculos, y eso para la política era esencial.

El emperador también lo vio como una forma de control social, porque de esta manera el pueblo pasaba largas horas encerrados en un recinto durante las cuales no tenía tiempo para pensar en conspirar contra el poder. Allí controlados pero entretenidos y con alimento, el deporte gladiatorio resultaba más atractivo. Si bien no se originó con el Coliseo, este sistema logró afianzar el concepto a través de un poeta romano que lo definía en una sátira como “Pan y Circo” (y yo agrego: “para todos y todas”… porque los romanos no sólo nos legaron la receta de la pizza y la pasta).

¿Quiénes eran gladiadores? Aquellos que han sido condenados, prisioneros de guerra, o bien hombres libres que por propia voluntad querían ser gladiadores (porque querían fama o bien porque necesitaban un techo y comida). El juego se regía por reglas, para respetarlas había un árbitro, y además los gladiadores respondían a tácticas ya estudiadas.

Los resultados posibles eran cuatro: vencer, rendirse (luego se vería el destino de ese gladiador), morir, y empatar (cuando después de largas horas de combate el destino de ambos gladiadores no había caído entre los otros 3 resultados).

¿Cuándo gritaba el público por la iugula (degüello) del gladiador? Cuando este se rendía o era derrotado. El público aclamaba la muerte del gladiador gritando “iugula”! y acá viene la cuestión del dedo hacia arriba o hacia abajo. Para que le cortaran la yugular, hacían con el pulgar un movimiento de izquierda a derecha sobre la garganta, tal como lo conocemos y entendemos ahora. Para salvarlo inclinaban el pulgar hacia abajo como “enfundando la espada”. Pero los derrotados en combate no siempre tenían que terminar muertos, ni el público siempre decidía el destino del vencido. Había preferencias y fanatismos por los gladiadores. ¿Se imaginan matando a Messi o a Ronaldo porque perdió un partido? Había gladiadores con mucha experiencia en combate, muy entrenados, y resultaría carísimo matarlos.

Llegar a luchar en las arenas del Coliseo era como entrar en el ballet estable del Teatro Colón. El público de Roma era muy exigente, a diferencia de otras provincias romanas, sólo los mejores venían a luchar y de todos ellos lo mejor de lo mejor triunfaba.

En general la vida de los gladiadores era mejor que la de un ciudadano común. Ser gladiador les garantizaba, techo, comida, medicina, y seguridad. Además estaban las estrellas de este espectáculo deportivo que gozaban de mucho dinero y libertad, casi tanto como los de clase alta.

El ingenio romano en la construcción del Coliseo fue como el punto de partida de futuros complejos deportivos o villas olímpicas.

Era el anfiteatro más grande construido en el Imperio Romano. Los arquitectos de esa época ya se preocupaban por sistema de ingreso de la gente. Las 50.000 personas que acudían a los espectáculos (y si estaban paradas y amuchadas entraban bastante más), tenían que poder ocupar sus lugares en un tiempo relativamente corto. Lo mismo para la salida. Además debían organizar a la multitud de acuerdo a las clases sociales y sexo. Todos los arcos que vemos a nivel de la calle, todos ellos eran entradas. Reservaban unos cuatro arcos para el ingreso del emperador, los senadores, y algunos otros personajes relevantes.

Uno de los tantos arcos y el trabajo en ladrillo y en piedra.

Las temibles arenas. Eran el campo de juego y cuya base eran tablones de madera que se apoyaba en los muros del hipogeo (subsuelo), que estaban cubiertos con arena. La arena absorbe mejor la sangre, y antes de cada combate los operarios encargados se ocupaban de arreglarla para que esta estuviera impecable.

¿Por qué el campo de juego tenía forma oval? Porque pensaban en todo. En un espacio cuadrado o rectangular, es decir que contenga esquinas, un gladiador quedaría atrapado y moriría fácilmente. Por eso la forma de óvalo era perfecta para prolongar la lucha y maximizar el valor del espectáculo.

El hipogeo, el subsuelo de este anfiteatro. Es la esencia de la visita al Coliseo. Hoy está al descubierto, cosa que en tiempos de actividad del Coliseo estaba tapado por el campo de juego. Es un lujo para nosotros los visitantes, poder ver semejante laberinto e imaginarnos cómo funcionaba. Es tan grande como el escenario, y era tanto o más importante lo que ocurría ahí debajo como en el campo de juego. Era el lugar donde los romanos desarrollaban su magia asesina. Todo ocurría a la luz de las antorchas: el cuidado de los gladiadores, de los condenados, el movimiento de quienes trabajaban, los animales que alimentaban a las fieras, y las fieras. Se le sumaba a este panorama un condimento más: el ruido permanente del campo de juego y de los espectadores sobre sus cabezas.

Para que funcionara el show, en las arenas había detrás (o en este caso debajo) operarios que se ocupaban de manejar los montacargas que subían a las fieras al terreno de juego. Pero había también un director del show que indicaba cuándo era el momento exacto para esta maniobra, y el gladiador también lo sabía. Este tenía que llevar la vista del público hacia un sector de las arenas, era entonces cuando subían al león por el montacargas, pasaba la trampilla hacia las arenas y cuando los espectadores volvían la mirada al animal creían que se había materializado de la nada.

Reconstrucción del montacargas que trasladaba a la fiera desde el hipogeo directo a las arenas.

Se puede ver perfectamente que los pasillos no son muy anchos, por lo que no es factible la fantasía de que hubiesen rinocerontes o hipopótamos, dado que por su peso tampoco hubieran podido levantarlos en el montacargas.

Para los días de calor, porque quien visita el Coliseo en verano sabe de qué estoy hablando, desplegaban un mecanismo llamado velarium que le permitía a los espectadores protegerse del sol o la lluvia. El velum era un toldo que sólo los marineros maniobraban, dado que era una de las instalaciones más complejas del Coliseo. Era un trabajo de equipo y tenían un comandante. Este personaje, como buen marinero, manejaba instrumentación adecuada que le indicaba la dirección y la fuerza del viento. Según los valores arrojados decidía si realizaba la maniobra de despliegue, teniendo en cuenta también si el mecanismo soportaría las condiciones climáticas.

El sistema de alcantarillas del hipogeo demostró que había una vida debajo. Había varias alcantarillas, pero una de ellas fue la más estudiada. Se encontraron restos de huesos de variedad de animales, cartílagos, carozos, etc. Todos los que trabajaban allí, ya sean humanos o fieras, se tenían que alimentar. De hecho muchos dormían allí porque ese subsuelo oscuro y oloroso era mejor que nada.

Todo concluye al fin. Fue en el año 325 que el Emperador Constantino firma un decreto (edicto) que expresaba que dejaban de existir los gladiadores designados por condena, y que sólo podían combatir en las arenas aquellos que lo eran por propia voluntad. Fue recién en el 404 que el Emperador Honorio prohibió formalmente el deporte gladiatorio en el imperio romano de occidente. La intención ya estaba gestada, pero hubo un incidente que aceleró la decisión. Un discípulo de San Agustín fue a dar un sermón en medio de un combate gladiatorio para contarles a los espectadores que se suspendía este deporte. ¿Alguien se animaría a anunciar que el fútbol deja de existir? Traería consecuencias trágicas. En el Coliseo los muchachos de la tribuna lanzaron piedras hasta matar al comunicador. Los juegos siguieron, aunque poco a poco fueron alcanzando la “muerte natural”.

Origen del nombre “Coliseo”. Al principio se llamó “Anfiteatro” a secas. No fue por mérito del edificio que lo comenzaron a llamar Coliseo, sino por la estatua colosal que habían instalado junto a él recién en el año 121. A esta estatua los romanos la llamaban colossus (coloso), y le pertenecía al emperador Nerón. Tenía su cara y representaba al dios Sol. Estaba instalada en su palacio privado, pero al ser destruido para dar lugar a la construcción del Coliseo fue de las pocas cosas que se conservaron. La cuestión es que la gente decía “vamos al coloso”, refiriéndose a la estatua. Con el tiempo se fue deformando la palabra y quedó Coliseo, pero también referido a la estatua. No está documentado qué pasó con ella, pero desapareció cientos de años después, y a pesar de ello el nombre quedó y el anfiteatro se adueñó del nombre: Coliseo.

El Coliseo fue la obra maestra de la dinastía Flavia, porque el padre (Vespasiano) lo construyó, el hijo (Tito) lo inauguró, y el otro hijo (Domiciano) le realizó algunas reformas. Pero la parte más difícil se la llevó el padre porque ¡quién los conocía! Cuando Vespasiano llega al poder como Emperador no tenía ese prestigio que habían tenido sus antecesores como Julio César, Augusto, ni siquiera la del loco de Nerón. Pensando y pensando cómo podía ganarse al pueblo se le ocurrió construir una obra pública y perdurable: el Coliseo. ¿Con qué plata? con un botín. La verdad de este suceso la revela su hijo Tito en el Arco de Tito ubicado dentro del Foro Romano. Los relieves muestran a los romanos saqueando el Templo de Jerusalén, acarreando la Menorá y la Torá. Con oro y esclavos, Vespasiano podía construir lo que quisiera.

Crédito: Wikipedia

Habían pasado sólo 150 años entre el primer anfiteatro permanente, el de Pompeya, y el suyo, y el ingenio romano había logrado evolucionar en la proyección y construcción estas megas estructuras. Era y es realmente increíble porque quien conoce Pompeya se da cuenta de las diferencias.

En este video hay imágenes del interior del Coliseo desde los distintos niveles de la visita. En su mayoría están sacadas con GoPro, que nos permitió obtener una imagen más panorámica del anfiteatro.

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