Italia – Capilla Sixtina, pura creatividad

La Capilla Sixtina es un espacio donde ocurrió una explosión de creatividad y tuvo un sólo responsable: Miguel Angel Buonarroti. Así cerrábamos este día en el Vaticano, debajo del cielo de un genio eterno.

Hablo de creatividad porque no se trata sólo de unas pinceladas delineando figuras y castillitos, sino que Miguel Ángel logró contar historias, y expresar sus sentimientos.

La historia arranca así: por reconocimiento a todo su potencial, Miguel Ángel fue convocado cuando tenía 30 años por el Papa Julio II. Así, se juntaron dos fanáticos del arte pero no se llevaban muy bien. Le propusieron a Miguel Ángel pintar los 12 Apóstoles, pero en una era donde el hombre se había atrevido a cruzar el Océano Atlántico, sentía la necesidad de contar otra historia y entonces comenzó contando El Génesis a su manera. Dividió el techo en 9 paneles y cada uno cuenta algo, aunque el más conocido es el panel central con la Creación de Adán.

La creación de Adán.
Crédito: Wikipedia

Este panel transmite el final de la creación, la del hombre. Aparece Adán, una figura de luz contrastada con un fondo oscuro, con un pie lánguido en la tierra, un brazo que apoya sobre su rodilla y su dedo extendido esperando recibir la chispa que está a punto de ser concedida por el creador. Ambos están a milímetros de ese contacto a través del cual ese hombre descubrirá su propósito, y tomará la energía que necesita para entender cuál es su lugar en la creación. El contorno que rodea a Dios tiene la forma del cerebro humano, y los investigadores creen que Miguel Ángel hacía referencia a la capacidad de la ciencia de estar a la par de la religión, o incluso por encima. (valoresreligiosos.com.ar)

Parece que todo termina con esa imagen y nos preguntamos ¿qué más puede haber? pero en ese mismo panel también aparece Eva, la primera mujer, porque ella no fue pensada después sino que siempre fue parte del plan de Dios, tanto que la envuelve con su otro brazo.

Miguel Ángel dormía y comía debajo de aquella bóveda. El reto se había convertido en obsesión. Pintar no era su fuerte, los materiales que utilizaba no lo ayudaban como tampoco el clima de Roma. Al poco tiempo de haber comenzado afloró el moho y tuvo que rehacer todo el trabajo, pero esta vez sin ningún ayudante. Pensar que pintó solo ese tamaño de figuras sobre un techo curvado es doblemente admirable.

Pasaron los años y todavía quedaba vacío el paredón del fondo de la Capilla Sixtina, convertido luego en la obra del “Juicio Final”. Para este entonces Miguel Ángel se encontraban en una época en la que el mundo había cambiado nuevamente, y ya con 59 años aún no había salido más allá de Venecia, pero algo tenía que contar.

El Juicio Final en la Capilla Sixtina.
Crédito: Wikipedia

No hay más túnicas. Hay santos sin aureolas, ángeles sin alas, y cientos de figuras. Dividida en tres partes, el Juicio Final es una composición de 391 cuerpos. No hay uno igual a otro, los hizo únicos como somos cada uno de nosotros. En la parte superior están los ángeles cargando los elementos usados en la Pasión de Cristo. En el centro está Jesús junto a la Virgen y aquellos que lograron la salvación. Y en el parte inferior aparecen los que están siendo salvados, y los que caen definitivamente al infierno.

El Papa Pablo III no estaba de acuerdo con ir a rezar bajos estas imágenes desnudas, y ordenó “arreglar la obra”. Pero Miguel Ángel le respondió a sus intenciones con una carta que decía: “Decidle al papa que éste es un asunto pequeño y puede arreglarse fácilmente; que arregle él el mundo, pues las pinturas se arreglan enseguida” (Wikipedia).

Quien hacía enojar a un artista, pintor, arquitecto, o lo que fuere su medio de expresión, sólo tenía que esperar su respuesta que con suerte era una carta, y lo peor una dedicación artística. En el Juicio Final el maestro de ceremonia Biagio De Cesana criticaba los desnudos de la obra, y Miguel Ángel en venganza lo pintó con orejas de burro y una serpiente que lo enrosca y le está mordiendo los testículos. Como si si fuera poco le contestó que “los santos no tienen sastres“.

Juicio Final
Crédito: viajes.elpais.com.uy

Fue el Papa Pío IV quien ordenó tapar con telas pintadas los órganos sexuales de las figuras, ya que en el Concilio de Trento se había aprobado un decreto que regulaba las imágenes en la iglesia, no pudiendo mostrarse nada profano ni deshonesto. Sentadas estas bases, la Capilla Sixtina era entonces un “descoque” y por lo tanto el lugar ideal para aplicar la nueva reglamentación. Así, empezaron a pintar “las telitas para tapar”, lo que pudo haber sido el origen de la hoja de higuera. Cuando fue el turno de la restauración y limpieza de la obra se decidió devolver a varias de las figuras a su estado natural.

“El arreglo”
Crédito: eldibujante.com

¿Está Miguel Ángel en la obra? Sí, y se pintó en la figura despellejada que sostiene San Bartolomé, representando cómo se sentía él frente a tanta crítica destructiva contra su obra.

El retrato de Miguel Ángel
Crédito: http://j-dumac.blogspot.com

Cuando la Capilla Sixtina fue abierta al público en 1512 (al 2018 son 506 años), dejó al mundo entero con la boca abierta. Miguel Ángel no había pintado ningún personaje del Evangelio, sino que el cuerpo humano fue siempre el protagonista en su arte, restándole importancia al fondo, a las instituciones, y al paisaje. Buscaba resaltar la tridimensionalidad de las figuras con una tendencia a lo que posiblemente prefería el artista: la escultura.

En el Juicio Final todos son condenados por igual. Pregunta final: ¿En qué parte de la obra estaremos cada uno de nosotros?

Para visitar la Capilla Sixtina usamos al tarjeta turística Omnia Card con la que teníamos reservado el día y horario para poder ingresar por la entrada preferencial.

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