Italia – Visitamos el Castel Sant’Angelo

Capa sobre capa, el Castel Sant’Angelo es un edificio monumental. Cuando lo visité sólo sabía que el emperador Adriano lo había construido para su mausoleo personal, pero una vez adentro me enteré que la historia de este lugar no terminaba ahí. Con sus casi 2000 años de historia, y lejos de ser reducido a ruinas o ser reciclado como material para otros edificios y monumentos en construcción, este castillo se fue transformando y acompañando los sucesos históricos que ocurrían en Roma.

Son capas de historia, capas de refugios, capas de material robusto y nada de ladrillo hueco, porque para sostener semejante estructura se necesitan unas bases bien sólidas. La suerte que tuvieron los romanos de poder seguir construyendo sobre un mausoleo se la deben al emperador Adriano, que parece ser era un muy buen arquitecto. Tal vez haya exagerado en el cálculo de material a utilizar para proteger sus huesitos y los de su familia, pero que alguien le avise que eso sirvió para proteger a Roma (y que también le volaron su estatua y la reemplazaron por la de un ángel).

 

Capa sobre capa

Suerte, visión, ambición, o como quieran definirlo, pero la primera capa del Castel Sant’Angelo es para mi la más importante y es la “Capa de Adriano”. Son las bases del edificio, sólidas como las ideas de este emperador y por lo tanto se merece que sepan de él si van a visitar esta mole. El Imperio Romano tuvo bueno y malos emperadores, y Adriano fue uno de los cinco buenos. Tendría su carácter pero bajo su reinado el imperio prosperó.

Antes de convertirse en el Castel Sant’Angelo, el emperador Adriano mandó a construir en el año 135 d. C. un edificio para que fuese su mausoleo personal y familiar, por eso era conocido como el Mausoleo de Adriano. Constaba de una base rectangular sobre la que se levantó una edificación cilíndrica coronada por cipreses (el árbol funerario).

Maqueta de cómo era el Mausoleo de Adriano antes de convertirse en el Castel Sant’Angelo

A los 62 años la salud de Adriano comenzó a flaquear y probablemente fuera por tuberculosis. Sabía que no era santo de la devoción de los romanos y temía además sufrir conspiraciones contra su vida en sus últimos años, así que arrestó a algunos senadores que eran sus rivales, pero el odio hacia su persona aumentaba. Todos sabían que sólo tenían que sentarse a esperar porque el emperador se estaba muriendo. Y llegado el momento ¿quién sería su sucesor si no tenía hijos varones ni parientes cercanos varones? Entonces decidió que lo mejor era nombrar su sucesor a un senador de 51 años llamado Antonino Pío. De esta manera instalaba un nuevo sistema gubernamental en el que el cargo de emperador se dejaba de ceder de padres a hijos, y se priorizaba el criterio de buscar a la persona adecuada para el cargo. Adriano tenía otra visión que no se centralizaba en Roma. Pasó su reinado más afuera que adentro, visitando cada una de las provincias para fortalecer la estabilidad del imperio. Esta estabilidad fue sostenida con un ejército preparado y con fronteras físicas, Adriano había mandando a construir las fronteras del imperio en señal de paz. De joven le decían “el grieguito” por su pasión por la cultura griega y su estilo de recortarse la barba y rizarse el pelo. Cuando los romanos se afeitaban a diario, el estilo de Adriano marcó una diferencia y tendencia por muchos años.

Finalmente Adriano fue enterrado en su inconclusa obra maestra, a los 3 años de haber comenzado con la construcción. La obra la finalizó su sucesor Antonino Pío en el año 139. Para acceder a la cámara funeraria se atraviesa este corredor que copia la forma del mausoleo.

Pasaron cientos de años para que esta mole resucite del olvido y el deterioro. Fue cuando los romanos se vieron obligados a reforzar la protección de Roma y el Vaticano contra los invasores bárbaros, y así el mausoleo se integró a las murallas aurelianas. Ahí vieron la veta y lo transformaron en una fortaleza militar bajo la denominación de “Castillo”. Podría decir que esta etapa lo define como la “Capa de la Fortaleza”. Las esculturas de bronces se fundieron en armas y las de mármol eran arrojadas al enemigo.

Teniendo en cuenta este cuadro de situación, las familias importantes de la ciudad se disputaban la posesión de esta fortaleza para colocarse en una posición distintiva frente a una Roma muy golpeada. Mientras tanto se realizaban algunas reformas para que el castillo sirviera además como sede residencial, como tribunal, y como cárcel. A esta altura del partido la función original de mausoleo había quedado literalmente enterrada y la mole se comenzaría a transformar definitivamente en un “Castillo”, para lo cual tuvieron que seguir construyendo sobre el cilindro del mausoleo. 

Fue durante esta época que se lo empezó a llamar Castel Sant’Angelo, su nombre actual, al recordar la leyenda en la que Roma estaba cada vez más devastada y era atacada por la peste del año 590. Fue el papa de turno que vio sobre la cima del castillo al Arcángel San Miguel envainando su espada, significando que la voluntad divina ponía fin a esta catástrofe. En recuerdo de esa aparición se colocó en la cima del castillo la figura del ángel. Desde ese entonces pasó a llamarse Castel Sant’Angelo, nombre que también se extiende al puente que cruza el río Tiber.

En la Terraza del Ángel se puede ver la escultura, y cerca de él está la llamada “Campana de la Misericordia” que sonaba para anunciar las sentencias de muerte, cuando el castillo cumplía la función de cárcel.

Terraza del ángel

De una de esas familias poderosas que residían en el castillo salió el Papa Nicolás III responsable de unir para siempre al Castel Sant’Angelo con el Palacio Vaticano, mediante el corredor de 800 metros llamado Passetto di Borgo. Se trataba de la parte exterior de la muralla y les permitía refugiarse aquí en caso de peligro, pero finalmente se hicieron inseparables y el Castel Sant’Angelo sirvió como residencia papal durante 500 años, albergando también los archivos del Vaticano y el Tesoro.

Uno de los papas que usó el Passetto para salvar su vida fue Clemente VII, que huyó a galope a través de la muralla para refugiarse en el Castel Sant’Angelo durante un ataque a Roma.

Parte del Passetto di Borgo y la Cúpula de la Basílica San Pedro de fondo.

Durante cada pontificado el Castel Sant’Angelo fue dotado de nuevas torres angulares, jardines y nuevas habitaciones, para cada papa pudiera tener su propio espacio y decorarlo a su gusto.

Cuando la vida romana parecía volver al orden, el Castel Sant’Angelo pasó a segundo plano y nuevamente fue olvidado. Recién en el siglo XIX le dan otra oportunidad a su esplendor y lo convierten en museo bajo el reinado de Vittorio Emanuele.

Al visitarlo no esperen encontrar mucho mobiliario, y lo poco que se exhibe no sé si le perteneció realmente o recrearon ambientes con donaciones. También hay salas en las que se exhiben armas antiquísimas relacionadas con el ejército italiano, y con las que alguna vez defendieron el castillo.

De todos los espacios del Castel Sant’Angelo el más lindo para mi es la Terraza del Ángel, ya que es uno de los puntos más altos de Roma y desde donde se puede observar en 360 grados toda la ciudad.

Por la tarde nos esperaba la visita a la Basílica de San Pedro, la plaza y la Capilla Sixtina.

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