Iguazú – Visita a las Cataratas, lado brasilero y en bicicleta

Como el ambiente natural del Parque Iguazú es el mismo del lado brasilero que del lado argentino, la pregunta fue ¿cómo puedo hacer para vivir una experiencia diferente? Así surgió la idea de cruzar a Brasil en bicicleta. Una experiencia que además de recomendar, nos encantó, y pudimos combinar el deporte con una verdadera conexión con la geografía del camino y de la naturaleza. Ya leerán por qué.

El paseo completo fue con la compañía de Alejandro. Él es Guía de Turismo y dueño de su empresa Iguazú Bike Tours, que organiza excursiones y travesías en bicicleta. Desde la distancia se nota cuando la gente ama lo que hace, y cuando estas cosas pasan, no tenemos que perder la oportunidad de decirlo. No una sino varias fueron las veces que le pregunté a Alejandro ¿pero estás seguro que lo vamos a poder hacer? y siempre nos respondió con total seguridad de que íbamos a poder disfrutar el paseo. Además nos acompañó en el recorrido del Parque Nacional do Iguaçu, nos contó varias historias antes de llegar y dentro del parque, y de paso nos asistió como fotógrafo.

Nos pasó a buscar a las 8 de la mañana por la Posada del Jacarandá, con todo el equipo preparado para cada uno, según los datos personales que nos había pedido previamente. Un dato no menor es que el equipamiento es de primera, con bicicletas con freno a disco, y todo en condiciones óptimas de mantenimiento.

El día estaba algo nublado pero mejor así que al rayo del sol. Hicimos algunas paradas para ver algunas panorámicas en el Puente Tancredo Neves, y en el acceso al Parque do Iguaçu para ver tucanes y la flora típica.

Puente Tancredo Neves

Vista desde el puente hacia las tres fronteras

Probablemente quien haga el trayecto en auto, note que se trata de un camino de subidas y bajadas, pero cuando se traslada esto al esfuerzo físico las impresiones cambian. Pedaleando hay subidas que parecen no tener fin, aunque no son tan graves como aparentan, y como todo lo que sube baja, el impulso ayuda a recuperar el aliento.

Yo creo que quienes salen a pedalear una vez por semana o tienen una actividad física normal y aeróbica, pueden hacer este paseo tranquilamente. Son 40 kilómetros entre ida y vuelta, sobre una banquina generosa de asfalto, y no es mucho considerando el buen descanso durante la visita al parque.

La entrada al Parque Nacional do Iguaçu se puede pagar en efectivo o con tarjeta, ya que de este lado sí aceptan los plásticos. Una vez adentro hicimos también en bicicleta, el tramo interno que realizan los micros del parque hasta el primer mirador, frente al Hotel Cataratas donde comienzan las pasarelas.

Un sobreviviente de la tormenta.

Ahí dejamos atadas nuestras bicis, nos hidratamos, comimos frutas y cereales que nos había preparado Alejandro especialmente.

Con esta vista comenzaba nuestro paseo

Reservé para la visita del lado brasilero el comentario de ¿cómo se formaron las cataratas? porque fue la charla que tuvimos con Alejandro. En una versión bastante simplificada del asunto, les puedo contar que si miramos la pared de roca del lado argentino (desde el primer mirador donde comienza el paseo), se pueden observar una serie de coladas volcánicas que se fueron solidificando, se calculan que fueron 11. A esto se suman las fracturas en el cauce del río, que pueden ser de poca o mucha altura, y a través de las cuales el agua cae. Los grandes bloques que se pueden observar al pie de algunos saltos del lado argentino, son restos de coladas volcánicas (porque no todas tuvieron la misma composición ni dureza), y que gracias a los agujeros que dejaron sobre la pared de la roca, sirven de refugio a las aves que anidan detrás de la cortina de agua.

Cada paso por las pasarelas brasileras, es una vista espectacular.

Camino hacia el mirador de la Garganta del Diablo, se puede ver la pasarela que parece internarnos en las cataratas, y caminarla significa mojarse mucho.

Para transitar esa pasarela muchos llevan o compran capas impermeables (si es que de algo sirve). A nosotros no nos importaba porque estábamos en modo deporte, pero sí puse dentro de una bolsa mi mochila, para proteger lo que llevaba adentro. Este consejo es mejor que el de la capa, Miren el video!

Desde ahí y a pocos metros se encuentra uno de los saltos más destacados de este lado brasilero que es el salto Floriano, y como si fuera poco también moja, pero a ese punto ya no notábamos la diferencia. Parate al lado del salto, y escuchálo, es muy fuerte el ruido así como la sensación que provoca.

Salto Floriano

Este salto marca el final del recorrido, y es donde se encuentra también el Espacio Naippi, con un ascensor panorámico que alcanza los 27 metros de altura. También hay baños y tienda de regalos. Las vistas son hermosas.

Se estaba poniendo cada vez más nublado, comenzó a chispear y nosotros emprendimos la bicicleteada de regreso. Confieso que se me frunció el … porque a los pocos minutos se largó una lluvia torrencial, y la geografía del camino, esa que les conté al principio, “dijo presente”. Las bajadas las hacíamos a toda velocidad aunque no quisiéramos, y claramente con esta historia se terminaron las fotos del paseo, porque no había forma de sacar la cámara de fotos para retratarnos ni a nosotros, pasados por agua y barro. Este momento fue LA anécdota de la experiencia, que seguimos recordando riéndonos de nosotros mismo.

Por último, insisto que no hay un lado mejor que otro, que no se puede elegir, y que las Cataratas del Iguazú son una de las Maravillas del Mundo vistas en todo su conjunto.

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