Iguazú – Visita a La Aripuca

Necesitábamos un día de relax después de tanto ejercicio y calor, por lo que cortamos la semana visitando La Aripuca, un emprendimiento familiar construido a base de árboles rescatados.

Entrada a La Aripuca

Hicimos caminando las 23 cuadras que separan La Aripuca con la Posada del Jacarandá. Son aproximadamente 30 minutos de caminata. Está abierto a partir de las 8:30 horas, se paga una entrada que en ese momento era de $50 por persona, y daban descuentos para visitar el Icebar, el Biocentro, y el Refugio GüiraOga.

Nos recibió uno de los guías del lugar y nos contó la historia de los comienzos de La Aripuca así como su misión. El complejo no es muy grande, se recorre fácil, y todo está señalizado. No habíamos leído mucho sobre el lugar, y fue el guía que nos explicó ¿por qué el nombre de La Aripuca?

Parece una casita hecha de troncos de árboles, pero en realidad tiene la forma de una típica trampa como la armaban los pueblos guaraníes. Tiene 17 metros de altura y más de 500.000 kilos de peso hecho con 30 especies nativas de la Selva Misionera.

Es importante destacar que ninguno de los árboles fue talado, sino rescatados de las chacras en las que se habían tumbado por las tormentas, o de los aserraderos que los hubiesen convertido en mesas.

La Aripuca es un emprendimiento familiar y un sueño hecho realidad. En la web van a encontrar la historia que los llevó a comenzar con este sueño, la búsqueda del terreno, de los ejemplares, y los traslados. El mayor y más pesado de los troncos, un Pino de 500 años con 27 metros de largo, 37 toneladas, y muerto por un rayo, viajó 200 kilómetros durante 7 días, y atravesando las tormentas típicas de la región. Las edades de los ejemplares que forman la entrada al complejo, suman 1500 años. Las cosas que habrán vivido estos árboles!

Le sigue el Yateí, un espacio donde se encuentran productos misioneros y artesanos locales (dulces de flores y madera, miel, licores, alfajores de harina de mandioca, etc).

El Tacurú es un salón de ventas de artesanías de diferentes regiones del país, donde se pueden encontrar lanas, cueros, muebles, ropa, accesorios, mates, carteras, cuchillos, de todo! Es ideal para comprar algún regalo original (saliendo de las remeras, tazas y llaveros que se encuentran en el centro de Puerto Iguazú).

Siguiendo la vuelta, hay otro espacio donde se encuentran tés y cremas medicinales, y perfumes con aromas de la región (si mis amigas leen esto sabrán de lo que hablo!).

La heladería El Cucurucho no se puede saltear, es una obligación probar el helado de yerba mate, y pétalos de flor de Rosella. Otra obligación son los chipás, riquísimos!

Por último, Termitas es el restaurante que abre sólo para eventos privados.

Regresamos a la posada y a la tarde salimos a verificar el lugar dónde estaba la oficina del alquiler de autos, que usaríamos al día siguiente para cruzar a Brasil y luego visitaríamos al otro día las Ruinas de San Ignacio y alrededores. Contratamos por Despegar.com la compañía Europcar, ubicada en la calle Tareferos 111 justo a la vuelta de la posada donde estábamos alojados. Mejor imposible. Nos presentamos, chequeamos la reserva y al día siguiente el trámite fue pan comido.

Desde ahí caminamos hasta el Duty Free Shop donde se encuentran buenas promociones de bebidas. También está el stand de MAC, donde las mujeres podemos aprovechar muy bien el tiempo. Otra sección que me fascinó es la que vende productos para cocina. Son muy novedosos, muchos de silicona que en Buenos Aires no se consiguen. Al regresar pasamos por la aduana y nos revisaron los ticktets y productos que trajimos. Si vas en auto no siempre te revisan. Por ejemplo cuando cruzamos a Brasil al día siguiente ni nos miraron al volver.

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